Hace dos semanas abrí una nueva puerta, esa que va a estar
abierta por 5 años más o tal vez 6, o quién sabe.
Me despedí de varias maletas pesadas y lleve mis favoritas y
las indispensables.
Tuve miedo. Demasiados; todos me decían que estaría bien,
que está bien.
Miedos de toda clase. Esos que sabes que siempre están ahí,
bien transparentes y bien adentro, pero que de vez en cuando nos aprietan
fuerte. Miedos más simples, pero no menos asustadizos: miedo a conocer nuevas
personas, de qué pasa si nadie me habla, miedo que no estoy en el lugar
correcto.
Me acuerdo que te dije que tenía miedo, me dijiste que no
tenía porqué. Pensé que ya te tocaría y que no me podías entender.
No puedo contarte como va ser, y de seguro tampoco
asegurarte nada. Va a ser diferente, para cada persona, pero diferente siempre
está bien. Si es mejor que antes o no…creo que a los lugares a los que recién
llegamos no tratamos de que se parezcan
a nuestros hogares de antes, sino que nos llevamos las cosas que en verdad
queremos.
Las llevamos a dónde vamos, sin querer, porque no es
necesario llevarlas como carga. Es
simple: el amor, los amigos y las personas que queremos no se llevan como
máquina pesada.
No se llevan porque no es necesario cargarlas. Entran
contigo por esa puerta que mañana abrirás. La puerta se abre y depende de cada
uno en qué sentido la quieres mantener.
Si la dejamos abierta, entrarán no tan solo viejos y buenos
recuerdos, sino que también abordarán nuevos viajeros y se quedarán para
siempre tus viejos marineros.
Me asusta que tal vez no puedas estar sosteniendo la misma
puerta que yo estoy agarrando en este momento. Pero luego pienso que estas
eligiendo abrir la tuya y aunque nos hayamos equivocado de puerta, aunque no
estemos seguras de que es la nuestra, siento que podremos encontrar una, porque
hay una especial para cada una de ustedes.
La vida es una cagada, pero no dudo que si valga la pena.
No tenemos fuerza sobre el destino, sobre a dónde nos lleva
y porque lo quiso así y porque mañana no. No sabemos tampoco quienes se
conservarán en nuestra nueva puerta.
Pero me gusta recordar que el amor no es una carga, eso me
da alivio cuando a veces me siento perdida en mi nueva puerta.
Un verdadero amigo no es nunca una carga, no gasta el
tiempo, lo amplia enormemente para que podamos sonreír.
Estaré aquí como hace tiempo te prometí que lo haría. Tal
vez no podamos compartir la misma puerta, pero están todas las nuestras sin
cerrojo.
La mía siempre estará
para ustedes.