domingo, 31 de marzo de 2013

Abrir una puerta



Hace dos semanas abrí una nueva puerta, esa que va a estar abierta por 5 años más o tal vez 6, o quién sabe.

Me despedí de varias maletas pesadas y lleve mis favoritas y las indispensables.

Tuve miedo. Demasiados; todos me decían que estaría bien, que está bien.

Miedos de toda clase. Esos que sabes que siempre están ahí, bien transparentes y bien adentro, pero que de vez en cuando nos aprietan fuerte. Miedos más simples, pero no menos asustadizos: miedo a conocer nuevas personas, de qué pasa si nadie me habla, miedo que no estoy en el lugar correcto.

Me acuerdo que te dije que tenía miedo, me dijiste que no tenía porqué. Pensé que ya te tocaría y que no me podías entender.

No puedo contarte como va ser, y de seguro tampoco asegurarte nada. Va a ser diferente, para cada persona, pero diferente siempre está bien. Si es mejor que antes o no…creo que a los lugares a los que recién llegamos no tratamos de que  se parezcan a nuestros hogares de antes, sino que nos llevamos las cosas que en verdad queremos.

Las llevamos a dónde vamos, sin querer, porque no es necesario llevarlas como carga.  Es simple: el amor, los amigos y las personas que queremos no se llevan como máquina pesada.

No se llevan porque no es necesario cargarlas. Entran contigo por esa puerta que mañana abrirás. La puerta se abre y depende de cada uno en qué sentido la quieres mantener.

Si la dejamos abierta, entrarán no tan solo viejos y buenos recuerdos, sino que también abordarán nuevos viajeros y se quedarán para siempre tus viejos marineros.

Me asusta que tal vez no puedas estar sosteniendo la misma puerta que yo estoy agarrando en este momento. Pero luego pienso que estas eligiendo abrir la tuya y aunque nos hayamos equivocado de puerta, aunque no estemos seguras de que es la nuestra, siento que podremos encontrar una, porque hay una especial para cada una de ustedes.

La vida es una cagada, pero no dudo que si valga la pena.

No tenemos fuerza sobre el destino, sobre a dónde nos lleva y porque lo quiso así y porque mañana no. No sabemos tampoco quienes se conservarán en nuestra nueva puerta.

Pero me gusta recordar que el amor no es una carga, eso me da alivio cuando a veces me siento perdida en mi nueva puerta.

Un verdadero amigo no es nunca una carga, no gasta el tiempo, lo amplia enormemente para que podamos sonreír.

Estaré aquí como hace tiempo te prometí que lo haría. Tal vez no podamos compartir la misma puerta, pero están todas las nuestras sin cerrojo.

 La mía siempre estará para ustedes.