-Sabes, desde pequeña he tenido una atracción por la luna.
-No te imaginaba de esas chicas cursis-soltó Diego con una risita.
-No lo soy. El cursi entre los dos eres tú.
Vanesa soltó un suspiro. Había válido la pena escaparse de la cena con sus padres. Ella se había ido de su casa hace ya muchos años, y no de una manera "mamá, padrastro, quiero ser independiente". Fue más bien como si ella se hubiera escapado una madrugada y hubiera salido por la ventana. A veces se arrepentía de no haberse ido de la casa de su madre de esa manera; tal vez así ya no la invitarían a cenar cada vez que decide contestarle el teléfono.
-Estás pensando en tu mamá otra vez, ojos cristalinos.
La cálida mano de Diego se sintió de pronto más caliente y más pesada sobre la mano de ella. Me vuelve loca cuando me toca, admitió para si misma Vanesa.
-Subir a la azotea para liarnos es mejor que estar con mi estúpida familia-dijo Vanesa volteando su cabeza hacia el costado donde estaba hechado Diego.
La risa de Diego ya no sonó como un leve chirrido, esta vez fue con ganas.
-Aún sigo vestido y apenas me has abrazado esta noche. Además- levantó su dedo índice y comenzó a dibujar en la frente de su novia-, aunque liarnos suene tentador a la luz de la luna, creo que esta vez paso.
Diego siguió trazando figuras sin sentidos a lo largo de toda su cara. Vanesa frunció el ceño y lo miró más con impaciencia que con ternura. Sus dedos en su piel eran como electricidad.
-Acabo de ser rechazada por el chico que hace unas horas me desvestía en mi cama-suspiró.
-Sabes que en tu cama nunca te rechazaría.
Vanesa se libró de los dedos de él y apoyó su nuca en el duro cemento. Posando su mirada otra vez en la luna, coincidió que tener sexo en una mugrienta azotea no era una buena idea.
-Hablemos de la luna-espetó el chico volviendo a coger su mano.
-Cursi-se burló ella sin despegar los ojos de la esfera brillante del cielo.
-Yo sé que no eres muy poética, pero te vuelves un poco soñadora cuando hablas de la luna.
-Ya te dije, siempre me ha gustado.
-¿por que?
Diego pudo sentir contra su brazo como su novia se encogia de hombros.
-Supongo que es...serán todas las cosas cursis que me han dicho sobre ella.
-Muchos han escrito sobre ella-comentó Diego, no muy seguro de que debía decir.
-¿Sabes sobre emitología griega?
-Algo, los dioses me confunden; pero sí. Zeus y su rayo... ya sabes.
-Imbécil-susurró Vanesa, lo suficienteme claro para que él la escuchara.
-mmm... y bueno qué tiene que ver con la luna.
-A pesar de todos los significados y metáforas que miles de poetas puedan darle, me gusta la historia que le inventaron a la luna los griegos.
-Te dije que te ponías soñadora con la luna.
-Debes saber que en la mitología griega Apolo era el dios sol-dijo Vanesa ignorando el comentario-, y bueno su hermana melliza era Artemisa, diosa de la guerra y la luna. Dicen que se llevaban realmente mal, pero aún así, cuando salía la luna, Apolo aún salía para que pudiera brillar.
Se quedaron unos minutos sin decir nada. Diego luchaba entre ver los ojos grises de ella o ver la luna llena que los acosaba brillando.
-Es algo que te enseñan de chiquito- Diego pego más su cuerpo al de ella-, la luna no tiene luz propia, sino que el sol le refleja su luz.
-Todos lo saben, imbécil.
Él dejó de vacilar a donde posar su mirada y decidió por mirarla a ella.
Pese a insultar a su novio, Vanesa se apoyo en su codo para acercarse a darle un beso fugaz. Diego pudo sentir su sonrisa mientras la besaba.
-Me hace pensar que aunque seas lo más hermoso de este universo, aún así necesitas a alguien.
-¿Cómo yo te necesito?-dijo muy suave el chico.
-Y yo era la cursi-respondió antes de volver a juntar sus labios contra los de él.
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