Hay una deuda que tengo que saldar.
Es por eso este nerviosismo, como si volviera a estar en el
ring.
Pero yo ya no pertenezco más, nosotros ya no pertenecemos.
Salimos de la caída y llegamos aún más alto que nuestro
punto de quiebre.
No, nunca nos rendimos.
Nunca fuimos cobardes, ni débiles, ni sumisos.
No creímos en nadie, porque nosotros mismo pusimos las
leyes.
No fuimos rateros, ni copiones, ni mucho menos mendigos.
Si quisimos algo, salió del sudor de nuestra frente.
Siempre fue así, porque desde nuestras caídas aprendimos a
levantarnos.
Ustedes hicieron que
yo me levantara,
me enseñaron que era levantarse, que era no huir.
No, nunca nos vencieron, y mañana hay una deuda que cobrar.
Una que tiene que ser vista con nuestros ojos, aunque no
todos estos puedan estar presentes.
Porque prometimos ser infinitos,
e infinitos nunca fue suficiente.
No quiero a nadie caído,
Aunque por dentro es la rabia de la caída.
No quiero que suban esa cima que nos quitaron,
pero si se la ganan, bien merecido la tendrán.
Tengo una deuda que pagar.
Más que cobrarla, más que pedir la factura,
más que me la salden.
Soy yo quien tengo que estar ahí, apretar la mandíbula, y no
llorar.
Hay algo más grande que todo esto, que mañana tiene que
terminar.
Así lo deseé hace un año, así se tiene que pagar.