miércoles, 14 de agosto de 2013

Ojos cristalinos

-Estoy muy cansada.
Su voz resonó en las cuatro paredes pintadas de un color escarlata, demasiado oscuro para un color de dormitorio.
Los labios de Diego aún rozaban su hombro desnudo, que escarapelaba todos los bellos de su piel morena.
-Estoy cansada, Diego.-repitió en un tono molesto.
Él ni siquiera se detuvo en la ruta de su beso. Ignoró completamente la voz ronca de Vanesa.
Ella soltó un suspiro y se dejo llevar por las caricias de él, una vez más esa madrugada.
Para no dormirse, porque se sentía muy cansada y odiaba sentirse débil ante el cansancio, comenzó a juguetear con los cabellos lacios que caían sobre sus senos y a pensar como sería ahora su vida amando a Diego todas las madrugadas.
-Creo que tú sólo quieres tirarme.
Esta vez sí se detuvo. Levanto ligeramente el mentón y apoyándose en su codo izquierdo, buscó su mirada en la completa oscuridad.
Vanesa sintió su mirada en la penumbra y la correspondió tratando de enfocarlo y de verlo, a pesar que sólo vería sombras o manchas.
-No te puedo ver, sin embargo, se que me miras con tus ojos cristalinos.
Vanesa sabía que sus ojos grises eran adorados por su novio, sin embargo, le costaba acostumbrarse a que los llamara "cristalinos"
-Por tu culpa ya no duermo en las noches-espetó después de unos minutos-.Qué hacías antes de encontrarme.
La curiosidad no era algo nato de Vanesa, pero a veces surgía cuando pensaba en sus días sin Diego.
-Escribía o leía. Dos cosas que te hacen solitario y sabio a la vez-musito debajo de su cuello-. Leerás para mi-dijo como si fuera un hecho y como si pudiera mandarle.
-Leeré para ti cuando respondas lo que te digo.
El silencio fue interrumpido por un chasquido que resonó en el dormitorio. Lentamente, Diego volvió a entretenerse con el roce de sus labios en la piel de ella.
Vanesa pensó esta vez, que por un buen tiempo no volvería a escribir. Tenía 20 años, un dúplex para ellos dos y un montón de vino blanco para el desayuno.
En los últimos 5 años de su corta vida, nunca había necesitao dormir por la madrugadas. Prefería dormir toda la tarde, levantarse a las 9, salir con la lluvia que sólo sale en Lima en las madrugadas y hacer el amor hasta que se cansara y pudiera leer o escribir. Bueno, solo hacía esto por ahora.
No tuvo nunca acompañante que valiera la pena, hasta que Diego la encontró. Él la encontró a ella, porque opinaba que era pésima con la suerte, así que todo tenía que haber pasado por el destino de él.
Como Diego la había encontrado, como el era perfecto para ella, cómo él también  vivía de insomnio.
-No quiero solo tirarte-rompió su voz ronca después de el sonido de sus besos-, si me dejas amarte hasta la madrugada siguiente, te lo denostaré.
-Espero.

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